MIS AVENTURAS CON CRISTIANO

Una tarde de septiembre de 1983; siendo un hombre de 32 años, me había convertido en un niño espiritual, al aceptar por fe el mensaje del evangelio de salvación a través de la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. 

 Ahora andaba por fe y como un niño curioso anhelaba conocer todo sobre los planes de salvación que Dios tenía para mi, porque mi carrera hacia la ciudad celestial había comenzado. Con un grupo de creyentes (mis nuevos amigos) de la iglesia en la cual me congregaba fui invitado para mirar una obra (película) de un predicador y escritor cristiano conocido como Juan Buyán cuyo clásico es conocido con el nombre de "EL PROGRESO DEL PEREGRINO".

Participé con mucha atención de la obra, pero al final terminé afectado porque el protagonista en la obra que era conocido como Cristiano, salió del lugar de su residencia, Ciudad de la destrucción y luego de pruebas, tentaciones y luchas, habiendo vencido llegó a su destino y fue admitido en la cuidad celestial.

Me pregunté, y ¿Ahora que está pasando conmigo? porque al final de la obra el protagonista era yo, me sentía identificado con Cristiano escapando de la destrucción y comenzando mi viaje de la peregrinación rumbo a la Cuidad Celestial, cuyas calles son de Oro y su  mar de cristal.

Volví a preguntarme que me estaba pasando, al igual que Cristiano comenzaba mi viaje sólo ante la mirada, incredulidad y crítica de mis antiguos amigos, mi esposa no muy convencida de mi decisión, mis hijos pequeños aún incapaces de entender mi elección, no entendían hacia donde iba yo. Entonces preocupado me detuve unos minutos para reflexionar y me hice algunas preguntas: 

¿Lograré mi meta?
¿Será verdad todo esto o será una fantasía?
¿Tendré las fuerzas necesarias para seguir adelante?

Luego me dije a mi mismo: "Y si me olvido de todo y regreso para retomar mi vida de antes", ese momento no decidí nada; volví a mi casa y por la noche continué pensando, las preguntas aumentaban y no sabía que decisión tomar, los minutos se convirtieron en horas eran momentos difíciles temía equivocarme. 

Entonces recordé que estaba aprendiendo a comunicarme con el Rey que gobierna el universo, a quien se adora y rinde alabanza en la Cuidad Celestial, clamé por su ayuda siendo fortalecido espiritualmente empecé mi camino decididamente hacia la Cuidad de Dios. 

Hoy 36 años después miré la misma obra, pero esta vez es diferente porque estoy en casa y junto a mi hay nietos y un hijo, aunque no camino con toda mi familia tengo a mi esposa llena de fe y seguimos clamando, cantando y adorando al rey, vamos camino a su ciudad.

Hoy mi edad es 68 años, las preguntas suenan diferentes y las repuestas son completamente claras:
  • La salvación por medio de la sangre de Cristo tangible, no es una fantasía.
  • Cristo  vive en el corazón de todos los que le aceptan:
Juan 6:37
"Y al que a mi viene, no le echo fuera"

¿Vale la pena tanta oración con lágrimas?
¿Vale la pena tanto ayuno?
¿Vale la pena tanto Estudio Bíblico para nutrir a otros con la sana doctrina?
¿Vale la pena seguir orando por mis hijos y nietos?
¿Entraré con mi familia en la Ciudad Celestial?

De lo profundo de mi ser viene la repuesta: 

SI, SI, SI VALE LA PENA, PORQUE TENGO UNA PROMESA: 

Hechos 16:31
"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, Tú y tu casa"

Aún sigo caminando; ya conozco que no es fácil, pero tampoco imposible el Señor está conmigo y este texto de su palabra me persigue todos estos años. 

Salmo 48:14 
"Porque este Dios es Dios nuestro, eternamente y para siempre, el nos guiará aún más allá de la muerte"

Guayaquil, 29 diciembre de 2019






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